En el occidente de Panamá, existe una misteriosa montaña situada sobre uno de los yacimientos de cobre más grandes del mundo, según algunos estudios geológicos del siglo XX. Ubicada en plena comarca Ngöbe-Buglé, está en medio del nacimiento de varios de los más importantes ríos de la región. Las comunidades indígenas que la circundan, la han defendido contra los intentos de explotación al menos desde la década de 1970.
Una montaña roja y sagrada
Aristides Cajar Páez
En la comarca Ngöbe-Buglé, al occidente de Panamá,
existe una misteriosa montaña conocida por los habitantes de la región como
Ngutio Tain, la “montaña roja” o cerro Colorado.
Se trata de un cerro de mil 600 metros de altura sobre
el nivel del mar, situado en la jurisdicción del distrito de Nole Diuma,
corregimiento de Jädeberi, dentro de los territorios ancestrales del pueblo Ngäbe.
La montaña tiene una escasa vegetación, debido sobre
todo a la alta acidez de los suelos. Estos muestran una gran concentración de
un mineral llamado pirita, asociado a la calcopirita, que casi siempre aparece
donde hay cobre.
De los falderos de la montaña, nacen algunos de los
ríos más importantes de la región, como el San Félix y el Cricamola. Además, en
sus alrededores hay más de 10 comunidades, como Mogla, Escopeta, Cuerna Vaca,
Rincón, Ratón, Tolotde, Hacha, Caña Brava, Pita, Cerro Flores, Chamí, y
Arriera.
Descubrimiento
Entre 1920 y 1949, el geólogo estadounidense Robert
Terry hizo un detallado estudio de la geomorfología de la república de Panamá. Describió
cada accidente geográfico, la composición de los suelos, su antigüedad y sus
procesos de mineralización.
Los hallazgos de Terry fueron consignados en un
estudio titulado “A Geological Reconnaissance of Panama”, que fue publicado por
la Academia de Ciencias de California, en 1956.
En 1932, cuando trabajaba para la Sinclair Oil
Company, Terry se desplazó hacia las montañas del oriente chiricano. Allí logró
identificar venas mineralizadas de cobre en el Cerro Colorado.
En la década de 1950 se precisó el potencial mineral
del yacimiento. En 1957 se estableció la existencia de una zona con
mineralización de sulfuros de cobre de mil 200 metros de largo, 90 metros de
ancho y 370 metros de profundidad, con un contenido aproximado de 100 millones
de toneladas de mineral.
Pero fue unos veinte años después, en la década de
1970, cuando se planteó seriamente la explotación del yacimiento cuprífero.
El general Omar Torrijos, entonces Jefe de Gobierno de
Panamá, otorgó una concesión de 750 kilómetros cuadrados a la compañía
canadiense Javelin para exploración y posible explotación del yacimiento. Los
trabajos de investigación en el terreno fueron encargados a una compañía
llamada Pavonia S.A., una subsidiaria de Javelin.
Esta empresa analizó registros de suelo y
sedimentación en los ríos y efectuó perforaciones de sondaje a poca
profundidad.
Se decía entonces que el yacimiento de cerro Colorado
era el segundo más grande del mundo sin explotar.
En1975 el gobierno de Torrijos impulsa a creación de
la Corporación de Desarrollo Minero (Codemin) cuyo propósito se enfocaba en la futura
explotación del potencial minero de Cerro Colorado.
Los indígenas ngäbe, los habitantes de esa tierra, no fueron tomados en cuenta.
Ambición y rechazo
El gobierno militar había previsto unos 140 millones
de dólares en beneficios a corto plazo y un aluvión de empleos para esa
empobrecida región una vez se activara el proyecto minero.
Con este fin, el país habría solicitado créditos por
406 millones de dólares de la época para echar a andar el proyecto. La reacción
de diversos sectores de la sociedad panameña fue de estupor y escándalo.
Aunque las primeras críticas al proyecto habían
provenido del sector empresarial, que veía en ello una aventura irresponsable y
onerosa para el país, las propias comunidades indígenas ya se organizaban para
luchar por su tierra.
En 1978, tras, la pausa nacional que provocó la
histórica firma de los tratados Torrijos-Carter, las protestas contra el
proyecto minero no hicieron más que crecer.
El 22 de abril de 1979, unos 2 mil manifestantes
cerraron la vía Panamericana, a la altura de San Félix, para protestar contra
los planes mineros del régimen.
Por entonces también surgió el Comité Cívico de
Defensa Integral de la provincia de Chiriquí, que alertaba sobre las
violaciones constitucionales y las repercusiones ambientales que acarrearía la
extracción de cobre.
Aparte de Javelin, estaban involucradas en el proyecto
las compañías Canada Development Corporation, y la poderosa Río Tino-Zinc, que
reemplazó, en mayo de 1980, a Texasgulf como socio transnacional de Cerro
Colorado.
En agosto de 1981 Edwin Fábrega, el entonces director
del Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE), se opuso al
proyecto por la cantidad de electricidad que utilizaría, equivalente a la
totalidad del consumo nacional.
Pero fue la muerte del general Torrijos, y el desplome
de los precios del mineral en el mercado internacional los que terminaron por
enterrar el proyecto de extracción de cobre en cerro Colorado.
Segundo intento
Para la década de 1990, los pueblos Ngäbe Buglé ya contaban
con una demarcación propia: la comarca. Los indígenas habían conseguido así un
control, al menos parcial, de su territorio. Esto dejaba enteramente en sus
manos cualquier decisión sobre la explotación de sus recursos naturales.
Sin embargo, en 2010, el gobierno de Ricardo
Martinelli promovió una reforma al código minero con el fin de relanzar esta
industria bajo unas nuevas reglas de juego que se promovían como “más
sostenibles y beneficiosas” para el país.
Uno de los objetivos de este relanzamiento parecía ser
justamente revivir el proyecto de explotación de Cerro Colorado. Incluso, se lo
promovió entre inversionistas internacionales. Ante las críticas que surgieron
nuevamente, la oferta debió ser retirada.
En 2011, Cerro Colorado volvió a estar en el ojo del
huracán durante las protestas en San Félix contra la minería y las
hidroeléctricas.
Y en febrero de 2012, antes de la violenta represión a
la protesta indígena (justamente por el sentimiento indígena de que se habían
desconocido los acuerdos del año anterior), aún quedaba abierta la puerta para
una explotación minera en ese cerro codiciado y venerado.
La ley 11 de ese mismo año (2012) dejó establecido que
están prohibidas las concesiones de exploración y explotación en el territorio
comarcal. A esta norma se suma la ley 407 de 2023 que establece una moratoria
indefinida para la minería metálica en todo el territorio de la República de
Panamá.
Cuidar el agua
El científico panameño Stanley Heckadon ha afirmado
que una explotación minera de Cerro Colorado podría destruir algunas de las principales
fuentes de agua dulce de Chiriquí.
En el ámbito de las creencias de los ngäbe y los buglé,
tanto el agua como las montañas adquieren un cariz sagrado, por lo tanto,
dañarlas de alguna manera acarrea repercusiones que trascienden el plano del
mundo visible.
Leyendas de estos pueblos están asociadas a estos hitos que se han transformado en lugares de celebración, de peregrinaje o de culto. "Así eran las 10 montañas sagradas del pueblo Ngäbe en la región Ño Kribo, el refugio del pueblo en Llano Tugri y otros", reseña un estudio de la Unesco sobre la cultura del agua en los pueblos indígenas americanos.
Fuente:
La montaña mágica. La Prensa, Panamá, 25
feb 2012.
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