Los escoceses del siglo XVII, pensaron que, si
emulaban a las grandes potencias coloniales de la época en América, adquirirían
poder y dinero. Diezmados por el hambre, las enfermedades, la hostilidad de
aborígenes y las grandes potencias que ansiaban desafiar, no solo fracasaron en
su intento de establecerse en el Darién, sino que ese fracaso llevó a la
bancarrota a su país, que debió renunciar a su independencia y someterse a los
designios de Londres.